OMS hace un llamado a la transformación estructural de las políticas de salud mental en el mundo

OMS hace un llamado a la transformación estructural de las políticas de salud mental en el mundo

Ante las persistentes deficiencias en los sistemas de salud mental a nivel global, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha emitido un nueva serie de orientaciones para guiar los países en la reestructuración urgente de sus políticas, programas y servicios. Las directrices, respaldadas por evidencia y normas internacionales de derecho humanos, estas políticas de salud mental buscan corregir décadas de negligencia y brindar atención digna, accesible y de calidad para todos los pacientes con trastornos mentales.

Políticas de salud mental desfasadas y con baja cobertura

Los situación actual de los servicios de salud mental en muchos países es crítica. De acuerdo con la OMS, hasta un 90% de las personas con enfermedades mentales graves no recibe atención en algunos contextos, y los modelos de la atención siguen dependiendo, en buena parte, de enfoques institucionales obsoletos. Esto contrasta con la creciente demanda mundial por servicios efectivos y humanizados, especialmente tras los impactos psicosociales de la pandemia por Covid-19.

A pesar del reconocimiento internacional de la salud mental como un componente esencial de la salud pública, el financiamiento y la organización de los servicios han sido inadecuados. Como lo expresó el Director General de la OMS, Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus: “A pesar de la creciente demanda, muchas personas siguen sin disfrutar de servicios de salud mental de calidad. Estas nuevas orientaciones brindan a todos los gobiernos las herramientas necesarias para promover y proteger la salud mental y establecer sistemas que beneficien a todos”.

Ejes de transformación: de la atención médica al bienestar integral

Las orientaciones se centran en cinco áreas fundamentales para reconfigurar los sistemas de salud mental. Estas incluyen: liderazgo y gobernanza con enfoque de derechos humanos; reorganización de los servicios; formación integral del personal de salud; implementación de intervenciones centradas en la persona; y abordaje de los determinantes sociales y estructurales que influyen en la salud mental, como la pobreza, el desempleo, la exclusión social o la violencia.

Entre las acciones propuestas destacan la promoción de un modelo integral de atención, que contemple la salud física y mental, el acceso a intervenciones psicológicas y sociales, y un enfoque preventivo desde el ámbito comunitario y educativo. Igualmente, se enfatiza la necesidad de que las personas con experiencia en problemas de salud mental participen activamente en la formulación de políticas.

Enfoques inclusivos y sostenibles

La jefa de la Unidad de Políticas, Derecho y Derechos Humanos del Departamento de Salud Mental de la OMS, Dra. Michelle Funk, indicó que estas orientaciones “ofrecen a los países medidas prácticas para desarrollar sistemas de salud mental integradores, adaptables y resilientes. Están concebidas para adaptarse a diferentes niveles de ingresos y modelos de atención, según el contexto, las necesidades y las prioridades nacionales”.

Esto resulta clave en países de ingresos bajos y medios, como Colombia, donde los servicios de salud mental enfrentan limitaciones presupuestales y estructurales, a pesar de algunos avances recientes en normativa y atención comunitaria. Las recomendaciones de la OMS permitirán a los gobiernos priorizar inversiones estratégicas, reorganizar la oferta de servicios y fortalecer la participación ciudadana en la implementación de las políticas de salud mental.

Herramientas internacionales para la reforma

Las nuevas directrices se basan en recursos desarrollados por la propia OMS, como la iniciativa Calidad y Derechos, que busca transitar hacia un modelo centrado en la persona, con enfoque de recuperación y respeto por los derechos humanos. Asimismo, los lineamientos han sido construidos con participación activa de expertos técnicos, responsables de políticas públicas y personas con vivencias directas en salud mental.

La OMS también anunció que acompañará la implementación de estas directrices con asistencia técnica, recursos educativos y materiales formativos adaptables a cada contexto. El objetivo es garantizar que la transformación de los sistemas de salud mental no solo quede en el plano normativo, sino que se traduzca en cambios tangibles en la vida de los usuarios.

Retos para Colombia: entre la reforma y la realidad operativa

En el caso colombiano, si bien la Ley 1616 de 2013 reconoce la salud mental como derecho fundamental, la aplicación efectiva de políticas sigue siendo dispareja. Las brechas en infraestructura, disponibilidad de talento humano especializado, acceso oportuno y calidad en la atención, especialmente en zonas rurales o con conflicto armado, reflejan la necesidad urgente de adaptar las nuevas directrices de la OMS al marco nacional.

Además, la reforma estructural del sistema de salud que se discute actualmente en el Congreso puede ser una oportunidad para incorporar estos enfoques de forma transversal. La articulación entre sectores, el fortalecimiento del primer nivel de atención y la inversión en salud comunitaria deben convertirse en pilares del nuevo modelo.

Salud mental como prioridad en la agenda global

Estas orientaciones llegan en un momento crucial. El mundo atraviesa una crisis de salud mental silenciosa, con aumento de los trastornos del estado de ánimo, ansiedad, suicidios y consumo problemático de sustancias. La OMS advierte que la falta de intervención no solo afecta la calidad de vida, sino que compromete el desarrollo socioeconómico de las naciones.

Convertir la salud mental en una prioridad política y financiera no es solo una decisión sanitaria, sino también ética. Como lo concluye la OMS, “el momento de actuar es ahora”. Las herramientas están disponibles, pero su impacto dependerá de la voluntad de los gobiernos para adoptar un enfoque centrado en las personas, basado en evidencia y alineado con los derechos humanos.